Pasaron los 21 días...¿lo has conseguido?

Hace 21 días nos propusimos un sencillo reto: beber en ayunas cada mañana un vaso de agua con unas gotas de limón. Según los expertos en creación de hábitos, este es el plazo ideal para que convirtamos una acción consciente en inconsciente mediante la repetición. Si hemos conseguido completar 21 días deberíamos, nada más levantarnos, ir a por nuestro vaso de agua sin ningún otro recordatorio...¿te ha funcionado?

Una semana más tarde añadíamos otro pequeño reto: tomar una infusión a la hora de dormir y, si te atreves y para acabar con el agua, nos propondremos beber 2 litros de agua repartidos a lo largo del día (8 vasos). Como son hábitos relacionados todos con la hidratación, es fácil que la adquisición de uno nos ayude a recordar los otros, además, ten en cuenta que entre el vaso "mañanero" y la infusión nocturna...¡ya llevamos medio litro!


Dicen que  sólo podemos sobrevivir entre 3 y 5 días sin beber (a temperatura normal y con poco ejercicio físico) y sin embargo unas 3 semanas sin comer, lo que nos da idea de la importancia de la hidratación para la vida. No en vano, aproximadamente un 60% del cuerpo humano es agua (80% en los recién nacidos), y continuamente hay que estarla reponiendo ya que la perdemos a través de la orina, el sudor, la respiración, las lágrimas y las heces (en casos patológicos las pérdidas son mayores si existen vómitos y/o diarreas).

No me extenderé en los beneficios por todos conocidos de beber agua, aunque sí quiero destacar que, por mucho que nos duela, entre ellos no está el adelgazar. No podemos decir que el agua adelgaza, igual que tampoco engorda, lo que ocurre es que sí puede dar sensación de saciedad el hecho de beber agua un os minutos antes de comer; esto puede que nos haga ingerir menos alimento lo cual sí que repercutirá lógicamente en nuestro peso, pero no ha sido el agua la causante, sino la reducción de calorías consumidas.

Algo que sí es importante recordar ahora que se acerca la época de más calor son los síntomas de deshidratación:


  • Deshidratación leve a moderada: sed (a mayor edad, menos sensación de sed), boca pastosa, dolor de cabeza, disminución del volumen de orina (orina de color más oscuro del habitual), cansancio, irritabilidad, hipotensión ortostática (mareos al ponerse de pie), calambres musculares, piel menos turgente (ver imagen)...
    Si pellizcamos una piel deshidratada, el pliegue se mantendrá
     después de soltar el pellizco.
  • Deshidratación grave: cesa la producción de orina, letargo, confusión, convulsiones, náuseas, parestesia (sensación de hormigueo), la respiración y la frecuencia cardíaca se aceleran para compensar el volumen plasmático disminuido, la temperatura corporal aumenta al cesar la sudoración, se aprecian los ojos hundidos y en los bebés se observa depresión en las fontanelas. Cuando ya la pérdida de agua es considerable llega el delirio y, si no se pone remedio, la muerte.
De especial importancia en el caso de la deshidratación es la vigilancia que debemos observar con los más pequeños y los más mayores. 

En el caso de bebés y niños pequeños, es obvio que su incapacidad para comunicarnos que tienen sed nos obliga a estar especialmente atentos a su ingesta de líquido a lo largo del día, sobre todo si hace calor o si existen problemas de vómitos o diarreas. El llanto sin lágrimas, la lengua seca o la prueba del pliegue (al coger un pellizco en el abdomen la piel no vuelve inmediatamente a la posición inicial) son signos de alerta.

 En cuanto a nuestros mayores, hay que tener en cuenta que con la edad van perdiendo la capacidad de sentir sed por lo que tendremos que ofrecerles agua a menudo en pequeñas cantidades; si unimos a la edad alguna discapacidad cognitiva o funcional, el tema se complica aún más, pues a veces se niegan a ingerir el agua (buscaremos alternativas saludables que acepten) o son incapaces por problemas de disfagia (existen gelificantes que espesan el agua para que puedan tomarla a cucharadas si no son capaces de beber sin atragantarse).

Así que, si te parece, vamos a proponernos, no sólo beber nuestros dos litros de agua al día (con el calor es más fácil ¿verdad?), sino que cada vez que bebamos vamos a llenar otro vaso y a mirar si a nuestro alrededor hay alguien que pudiera necesitar, sin saberlo, esos sorbitos de vida.





3 comentarios :

Miguel Angel Brito dijo...

Llevaba tiempo sin entrar en el blog. Creo que veinitiún días precisamente, ya que no vi el reto. Me ha gustado ese reto, el del agua y el limón. Siempre pensé que ese limón mañanero tendría que ser bueno. Después de leer lo que publicaste hace 21 días veo que es así. Como nunca es tarde si la dicha es buena, mañana empiezo con tu permiso y espero aguantar esos veintiún días sin olvidarme uno sólo. Ya te contaré...

Cristina Abad dijo...

¡Claro que nunca es tarde Miguel Angel! Lo que pretendemos es aprender a crear hábitos saludables y que luego cada uno elija sus retos personales según sus necesidades...y que los comparta, que quizás nos apuntemos.
Un saludo

malena dijo...

Yo síííí, la verdad que es ya tan natural que hasta se me olvida tachar los días!
gracias por el consejo!
me pongo las pilas con los 2 litros al día, creo q está chupao, quitando el de la mañana y la infusión de la noches sólo me queda 6 vasos!

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