Hoy no hablamos de dietas, sino de dar de comer...

Llegó el verano, pero para mucha gente la preocupación no está en deshacerse de los michelines acumulados durante el invierno para que le siente mejor el bañador... Por desgracia, cada día son más las familias cuyos esfuerzos se centran por completo en intentar  llevar un plato de comida a la mesa, aunque sólo sea para sus hijos.

Gracias a Dios, en las situaciones difíciles es cuando se demuestra la verdadera valía del ser humano y cada día aparecen nuevas iniciativas particulares destinadas a hacer la vida de los más desfavorecidos un poquito menos penosa. Si puedes aportar algo, no lo dudes, las formas de poner tu granito de arena (de arroz mejor, en este caso) son múltiples y ya sabes que "un grano no hace granero, pero ayuda al compañero".



Según datos de la Comisión Europea, la mitad de los alimentos que se compran en Europa en un año acaban en la basura, situación aún más sangrante si se tiene en cuenta que en la Unión Europea viven  79 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza y 16 millones dependen de la caridad para subsistir. La Cámara propone medidas urgentes, pues se calcula que este desperdicio aumentará en un 40% de aquí al 2025. Algunas de las medidas en estudio son por ejemplo, permitir que los comerciantes reduzcan los precios de los productos cercanos a la caducidad por debajo del de costo, adecuar el tamaño de los envases para que los consumidores adquieran cantidades adecuadas e introducir cursos educación sobre los alimentos en todos los niveles de enseñanza.

Otra medida importante es aclarar los términos "fecha de caducidad" o "consumir preferentemente" para evitar que se estén desechando, tanto por parte de particulares como de distribuidores, alimentos en perfecto estado. Como sabemos, el mensaje" consumir preferentemente" sólo indica que el producto ha podido perder algo de su calidad original tras esa fecha, pero esto en ningún caso conlleva peligros para la salud. La UE propone hablar de "fecha límite de venta" y "fecha límite de consumo" para no confundir al consumidor.

Pero mientras nuestros gobernantes se reúnen y estudian soluciones, muchas personas, más prácticas y más cercanas al problema, han puesto manos a la obra con iniciativas solidarias encaminadas a paliar la situación en la medida de lo posible. La misma UE alaba, por ejemplo, las medidas adoptadas en varios Estados miembros para recuperar a nivel local, incluso por parte de empresas o asociaciones particulares, los productos no vendidos y que van a ser desechados por los comerciantes para distribuirlos entre los más necesitados.

Supongo que ya has oído hablar del Café pendiente, una original iniciativa que nació en Italia y se ha ido extendiendo a varios países gracias sobre todo a las redes sociales. La propuesta es sencilla y barata: pagar por adelantado un café en uno de los establecimientos adheridos a la iniciativa, para que luego sea consumido por una persona necesitada. La organización de la iniciativa explica en su web que no se pretende sólo "donar" ese café, sino también acercar a esas personas a la sociedad, facilitando su integración en un entorno amigable y de confianza mutua. Hay establecimientos que van más allá y permiten dejar algo más que un café pendiente... y, ¿por qué no continuar la cadena? "Una barra de pan pendiente", por ejemplo, sería otra buena idea para iniciar en panaderías ¿no crees?

Hace poco he conocido  un proyecto que pretende apoyar a los Bancos de Alimentos mediante iniciativas particulares de recogida de comida imperecedera; lo han llamado Hoy invito yo. En su web se ofrecen recursos para que un grupo de personas pueda organizar, dentro de su empresa u organización de cualquier tipo (asociación de vecinos, grupo de amigos, colegios,...), su propia campaña de recogida de alimentos destinada al Banco de Alimentos más cercano. Su reto es alcanzar las 100 toneladas y a día de hoy llevan acumulados 37.302 kilos de alimentos. Añaden también que "Las recogidas de alimentos que se realicen son gestos de solidaridad importantes que, sin embargo, no sustituyen las acciones y cambios socioeconómicos necesarios para que todas esas personas puedan recuperar sus medios de vida. Todos podemos hacer algo más para que así sea." ¿Crees que puedes hacer algo?
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Si no puedes hacer tu propio "hoy invito yo", siempre puedes donar comida imperecedera dentro de tus posibilidades, a tu Banco de Alimentos más cercano o colaborar como voluntario en comedores sociales donde no sólo se da de comer, en muchas ocasiones se ofrece al comensal también aseo y ropa limpia,  y siempre sin excepción cariño y apoyo para que afronten las largas horas que les quedan por delante hasta poder disfrutar de nuevo  de una comida caliente. Los medios para acceder al voluntariado son muchos; puedes ponerte en contacto por ejemplo con Cáritas,  Cruz Roja o hacesfalta.org.

Hace unos días se estaba haciendo una recogida de alimentos en la gran superficie en la que me encontraba. Los voluntarios te daban una bolsa a la entrada pidiéndote que la llenaras con lo que pudieras donar y lo entregaras a la salida. Me encontré a una señora con dos niños de unos 5 o 6 años que se empeñaban en duplicar la compra de su madre, me explico: si ella cogía un paquete de macarrones, ellos añadían otro mientras se justificaban ante la agobiada madre: "¡este para los niños que tengan hambre!", "lo dijo el señor de la bolsa", añadía el más pequeño con lengua de trapo.

El supermercado estaba bastante lleno y todos sonreíamos ante la situación, hasta que una señora bastante mayor le dijo a los niños "¿Queréis que esos macarrones se los regale yo a los niños que tienen hambre?" Los pequeños se miraron y, con el desparpajo propio de la edad, ni cortos ni perezosos, añadieron el paquete de pasta al carro de la señora obsequiándole con espléndidas sonrisas.

Entonces ocurrió algo curioso, casi simultáneamente, los que habíamos presenciado la escena preguntamos "¿Y qué queréis que les regale yo?". Aquello se convirtió en una pequeña fiesta en la que todos reíamos mientras negociábamos con los niños si no sería mejor un bote de Cola Cao que un Huevo Kinder o una botella de aceite antes que ese bollito que, eso sí, llevaba pegatinas de un tal Doraemon, lo cual parece que le hacía subir muchos puntos...

La cosa no quedó ahí, porque al pequeño barullo que teníamos montado se iba añadiendo gente que enseguida sucumbía ante esos niños que, tan pequeños, habían entendido el mensaje de aquel señor que les dio una bolsa a la entrada del supermercado y, con esa bondad y generosidad que ninguno deberíamos perder con la edad, habían hecho que la recogida de alimentos de aquel día pudiera calmar el hambre (estoy segura) de muchos más niños de los que sus organizadores  habían pensado. Todo gracias a dos pequeños "voluntarios involuntarios".





3 comentarios :

Anónimo dijo...

Precioso Cristina, lo voy a extender en ARGUINEGÍN. Gracias mi niña Muchos besos. Irene

Cristina Abad dijo...

A tí Irene!

malena dijo...

Es cierto que las actitudes positivas de contagian!! Qué buena lección de humanidad por parte de esos niños!
Gracias Cristina por compartirlo!

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