¿Cómo está tu ICC?

Sí, tu ICC, ¿cómo se encuentra? No, no lo busques a tu alrededor ni preguntes por él en casa a ver "dónde lo han metido"... Aunque ya sé que todos cogen siempre tus cosas y las dejan donde no corresponde, te daré unas pistas: tu ICC va siempre contigo, es importante y es responsabilidad sólo tuya...
Bueno, como ya habrás adivinado, hablo de tu "Indice Cintura-Cadera", que es una medida antropométrica que evalúa los niveles de grasa intraabdominal  y matemáticamente se obtiene dividiendo el perímetro de la cintura entre el perímetro de la cadera.

Los valores normales oscilan entre 0.71 y 0.84 para las mujeres y 0.78 y 0.94 para los hombres, aunque la Organización Mundial de la Salud  lo simplifica más considerando unos valores de ICC normales para la mujer de 0.8 y para el hombre de 1. Por encima de estos valores los riesgos para la salud se multiplican, como vamos a ver.

Generalmente  oímos hablar del Indice de Masa Corporal (IMC) como el indicador del nivel de sobrepeso y obesidad. El IMC se obtiene dividiendo el peso entre el cuadrado de la altura, con lo cual no se tiene en cuenta si el exceso de peso se debe a una hipertrofia muscular fisiológica (sana), como es el caso de los deportistas, o a un aumento patológico de la grasa corporal. Una persona que mida 1.80 m y pese 95 kg tendrá un IMC de 29.3 lo cual indicaría un sobrepeso que rozaría la obesidad, pero es con la medida del ICC con la que podríamos determinar si la distribución y proporción de su grasa es la correcta (es importante recordar que un determinado peso de músculo  ocupa mucho menos volumen que el mismo peso de grasa, como vemos en la imagen)

Por tanto, el ICC nos dará el patrón de distribución de la grasa corporal: si los valores son superiores a los aconsejados, tendremos obesidad tipo androide (tipo "manzana") y si los valores son inferiores, la obesidad será tipo ginecoide (tipo "pera").


La obesidad tipo  ginecoide es la llamada obesidad extraabdominal o subcutánea, más propia de las mujeres, en las que la grasa se suele acumular por motivos hormonales en cadera y muslos. Pero, por mucho que a nosotras nos preocupe  que la grasa se localice en las caderas, la verdaderamente peligrosa es la obesidad androide, también llamada intraabdominal o visceral porque la grasa no se encuentra en el tejido subcutáneo, sino entre las vísceras.


 La obesidad visceral suele afectar más a los hombres, aunque las dietas pobres en fibra y calcio y excesivamente ricas en grasas saturadas, hidratos de carbono refinados y alcohol contribuyen a su cada vez mayor prevalencia también entre la población femenina. Además, hay que tener en cuenta que los cambios hormonales de la menopausia hacen que, a partir de los 60 años, la proporción de hombres y mujeres con obesidad visceral prácticamente se iguale.

La obesidad abdominal o visceral se asocia a un mayor riesgo de padecer problemas cardiovasculares y de desarrollar enfermedades como la diabetes mellitus o la hipertensión arterial y no se da sólo en lo que llamaríamos "personas obesas". Cada vez hay más individuos con un peso que, según los baremos establecidos, es correcto para su edad y su altura (de ahí el error de basarse sólo en el IMC) y sin embargo presentan un ICC superior al saludable. Para referirse a estos casos se ha acuñado el término "obesidad central", que indica la acumulación excesiva de grasa en el abdomen cuando esta cantidad no guarda proporción con la grasa corporal total.

Diversas investigaciones han constatado que las personas con obesidad central presentan más riesgo de morir por un evento cardiovascular así como de de morir por cualquier causa que las personas obesas con una distribución de la grasa más favorable. Además, los primeros suelen tener menos masa muscular y menos grasa glúteo-femoral, cuyos efectos protectores sobre el organismo han sido demostrados en diversos estudios. A estos riesgos se suma la escasa motivación de estos sujetos hacia un cambio de estilo de vida más saludable, dado que encuentran que "su peso está bien".

El objetivo de una persona con obesidad central debe ser por tanto redistribuir su peso. En el caso de obesidad visceral con exceso de grasa general, necesitaremos disminución y redistribución del peso. 

¿Cómo lo hacemos? Disminuyendo la grasa abdominal y aumentando la masa muscular, para lo cual todos sabemos lo que hace falta: una alimentación sana, más ejercicio y un poquito de ganas de mejorar tu salud.

Así que, ¿a qué esperas? Coge una cinta métrica que tengas por casa, mídete el diámetro de la cintura a la altura de la última costilla flotante y el de la cadera a la altura de la zona más prominente de los glúteos. Ya sólo te queda dividir la primera medida entre la segunda, comprobar cómo está tu ICC y decidir las medidas que vas a tomar al respecto. Como te digo siempre... ¡está en tus manos!



2 comentarios :

Anónimo dijo...

Me ha encantado saber eso de q la "grasa glúteo-femoral tiene un papel protector en el organismo"!!!!
Ya decía yo que las cartucheras debían tener alguna finalidad! Si no no se entiende que cada gr de más vaya la mismo sitio!

Cristina Abad dijo...

Pues sí anónimo (aunque supongo que eres anónimA porque somos las mujeres las que tendemos más a acumular grasa en esas zonas), diversas investigaciones han concluido que la grasa glúteo-femoral, al contrario que la abdominal, ejerce un papel protector porque segrega hormonas como la leptina y adiponectina que regulan los niveles de azúcar en sangre y protegen el sistema cardiovascular. ¡Algo bueno debían tener las dichosas cartucheras!

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